Análisis del grupo: Tribus de Israel (I)

La historia de Salomón abre “I Reyes” y ocupa parte de “II Crónicas”. Nada menos que 588 versículos que completan uno de los relatos más largos de cuantos la Biblia refiere de un único personaje. Y sin embargo, tan solo tres momentos determinados fueron seleccionados para representarse en procesión en Lorca. Y no por casualidad, esos mismos momentos los podemos encontrar en unos manuales que servían en la Edad Media para que los predicadores confeccionasen sus sermones.

“El Juicio de Salomón”, “La visita de la reina de Saba a Salomón” y “Salomón en la construcción del Templo de Jerusalén” eran tres prefiguraciones del antiguo Testamento a modo de profecías que anticipaban hechos futuros, que tendrían cumplimiento en el Nuevo Testamento.

Ya la Iglesia primitiva (como puede comprobarse en las catacumbas) había utilizado ejemplos del Antiguo Testamento para la mejor comprensión por los fieles de los Misterios del Nuevo. No en vano, ambos son una única revelación, y por eso, los exegetas bíblicos pudieron establecer una homologación entre los hechos de la Encarnación de Cristo, que llamaron “antitypos”, y los anteriores del Antiguo Testamento, que llamaron “Typos”.

De esta manera, personajes, objetos e instituciones veterotestamentarias adquieren otro valor aparte del literal, que en algunos casos se ha conservado en la tradición cristiana.

Siguiendo esa tradición, el antiguo Templo de Jerusalén, construido por el Rey Salomón y donde se albergó el Arca de la alianza, es un “typo” de la Virgen María, en cuyo seno se alojó Jesús, símbolo a su vez del Nuevo Pacto, de la Nueva alianza que sustituye a la propugnada en el Antiguo Testamento.

En consecuencia, mediante el grupo de “Salomón en la construcción del Templo de Jerusalén” los Blancos proponen a los fieles la meditación del Misterio de la concepción virginal de María.

Por otra parte, como prefiguración de la Epifanía en el Antiguo Testamento, los exegetas apuntaron la “Visita de la reina de Saba a Salomón”, y con esa idea, la encontramos en el repertorio iconográfico de catedrales como Chartres y Burgos. Para establecer tal correspondencia, se comparaba el hecho de que la reina de Saba viniera cargada de presentes prácticamente a adorar y reconocer la superioridad de Salomón sobre todos los monarcas de la Tierra,con el largo y tortuoso viaje realizado nueve siglos después por los Magos de Oriente para hacer lo propio con el Niño Jesús.

“La visita de la reina de Saba a Salomón” se utilizaba también para prefigurar el “Premio de los elegidos en el cielo”. En este caso, los presentes con que agasajó la reina Balkis a Salomón se entienden como el pálido reflejo terrenal de las dichas que alcanzaremos si por nuestros actos conseguimos entrar al reino de los cielos..

“La reina de Saba en su visita a Salomón” ya formaba parte de la procesión blanca en 1863, mientras que “Salomón en la construcción del Templo de Jerusalén” se debió estrenar en torno a 1886, ambos serían concebidos por el primer director artístico de la Semana Santa de Lorca, Rebollo Zamora, pintor y uno de los fundadores de la “Sección de Nazarenos Blancos del Rosario”.

Ya entonces respondía al modelo que podríamos considerar clásico para este grupo: una escolta de guerreros, una corte de magnates, sacerdotes y artífices del Templo y esclavos servidores de su señor.

Además, ya antes de 1891 se incorporó el “Caballo del Respeto”, que representa la entronización de Salomón.

Emilio Felices dirigió una nueva versión en 1931, renovando totalmente la puesta en escena del personaje central al año siguiente, cuando los Blancos sorprendían a propios y extraños con la magnitud del manto que estrenaba el rey, desde entonces desfilando en biga.

En 1932 se completaba el grupo con una caballería compuesta de dos heraldos y cuatro magnates.

Tras sucesivas restauraciones llegamos al año 2006, cuando la Comisión Artística del Paso Blanco aborda la realización de un nuevo grupo de “Salomón en la construcción del Templo de Jerusalén”, manteniendo el esquema clásico de su composición así como la impronta de la puesta en escena del rey, recuperando la estética original del carro y la idea del manto

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